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Entrevista a Paul Schafer, responsable de ’The World Culture Project’

Publicado el miércoles, 18 de noviembre de 2015

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"Es esencial asegurarse de que todas las partes de las ciudades y las comunidades están conectados, interactúan y participan de manera frecuente y sostenida"

El canadiense Paul Schafer es responsable de ’The World Culture Project’, iniciativa que analiza la relevancia teórica y práctica de la cultura en el desarrollo de la sociedad, siempre contemplada de una manera holística. Ha sido Director adjunto del Consejo de las Artes de Ontario y profesor en la Universidad de York y Toronto, además de asesor de la UNESCO. Autor de ‘Culture: Beacon of the Future’, ‘Revolution or Renaissance, The Age of Culture’ y ‘The Secrets of Culture’, Schafer habla de mundos que se desintegran, de realidades que son insostenibles y propone una nueva era dominada por la cultura. Pero que nadie se confunda, es una cultura contemplada en gran angular, la que afecta a todas las partes del mecano de la sociedad, la que determina la política y las políticas. No es sólo programación cultural o gestionar edificios. Es una transversalidad que la Asociación Plan Estratégico de Burgos ya propuso allá por 2009 con el Plan Estratégico de la Cultura o la visión cultural de la ciudad compartida por todos. Las reflexiones de Schafer son una especie de llamamiento a retomar y reinterpretar este documento.

¿Qué diferencia hay entre la era económica y una era cultural?

En una era económica, el objetivo central es desarrollar la economía y las políticas económicas, que se refiere a una parte específica y concreta del todo, es decir, del modo de vida de las personas. En una era cultural, el objetivo central es desarrollar la cultura y las culturas, lo que engloba el todo y la necesidad de lograr relaciones equilibradas y armoniosas entre las partes y el todo, especialmente cuando la cultura y las culturas se perciben y definen en términos holísticos. Ésta es la principal diferencia entre las dos eras. Lo que emana de esta consideración son una serie de diferencias específicas. En una era económica, la atención se centra, en gran parte, en bienes, servicios, y la creación de materiales y riqueza monetaria, y, por lo tanto, se centra en los productos, los beneficios, la producción, el consumo, el materialismo, el mercado, y el crecimiento económico. En una era cultural, la atención se centra principalmente en las personas, el medio ambiente, en alcanzar una distribución más equitativa de los ingresos y la riqueza, en lograr un mayor equilibrio entre lo cuantitativo y lo cualitativo en las dimensiones del desarrollo y la creación de la armonía entre el ser humano, la naturaleza y otras especies.

- ¿Por qué la economía no es suficiente como único escenario para la sociedad?

La economía no es suficiente como único marco de referencia para la sociedad, así como para las políticas públicas y privadas y la toma de decisiones en general, porque la economía se refiere a una parte del todo - aunque sea una parte muy importante - y no al todo. Cuando se da prioridad a la economía, a una parte del todo, como ocurre en la era económica, se generan desequilibrios y deficiencias en el sistema mundial que son difíciles, si no imposibles de corregir, especialmente entre los seres humanos y el medio ambiente. Estas deficiencias y desequilibrios resultan del hecho de que cuando la era económica se estaba desarrollando y tomando impulso, en términos teóricos y prácticos, en el siglo XVIII, XIX y el XX, el entorno natural fue dado por hecho e ignorado. Ahora, después de todos estos años, no es posible integrar el medio ambiente en la era económica y el sistema mundial. Lo más que se puede lograr es reservar un espacio determinado al medio ambiente en unos pocos sectores de la era económica y en el sistema económico mundial, pero nunca en el centro de las decisiones. Ésta es una de las principales razones por las que creo que debemos pasar de la actual era económica a la era cultural. Cuando la cultura es considerada en términos holísticos como "un conjunto complejo "- como sostuvo en el siglo XIX Sir Edward Burnett Tylor y numerosas antropólogos y estudiosos culturales que siguieron sus pasos - posee el potencial de abrir un espacio de decisión para el medio ambiente en el mismo centro del sistema mundial. Esto se debe a que la palabra ‘cultura’ procede del latín "colo" , que significa "plantar, crecer, nutrir, y, sobre todo, cultivar ".

Esto supone que ha habido una íntima conexión entre la cultura, la naturaleza y el medio ambiente, que data de la época cl Si no capitalizamos la capacidad que tiene la cultura para restablecer nuestra conexión con el medio ambiente, y lo hacemos plenamente y pronto, creo que las consecuencias serán desastroso para las personas y los países en todas las partes del mundo y el mundo en su conjunto, especialmente en los que se utilizan recursos escasos y donde las condiciones climáticas y circunstancias ambientales continúan deteriorándose. Fue la principal conclusión a la que llegué en mi libro ‘Revolution or Renaissance, MAking the transition from an economic age to a cultural age’, tras un intenso análisis de la evolución histórica y el carácter contemporáneo de la cultura y la economía y la compleja relación entre ellos. También es por eso que estoy convencido de que la cultura, en el sentido holístico - en lugar de la economía en el sentido parcial - proporciona un marco y una base más eficaz para la toma de decisiones públicas y privadas. Es un escenario que hace posible ver el panorama en general y darse cuenta de que la economía es parte de la cultura y no al revés, cuando la cultura se visualiza en términos holísticos.

- Ha señalado en ‘Revolución o Renacimiento’ que hay una tendencia inherente en los sistemas económicos altamente desarrollados a producir disparidades sustanciales en los ingresos y la riqueza entre ricos y pobres. En España, la crisis económica parece haber agravado estas disparidades. Las últimas elecciones en España revelan que la ciudadanía está exigiendo el cambio. ¿Es una nueva forma de contemplar la sociedad y las decisiones políticas?

Es un hecho bien documentado que los sistemas económicos tienen una tendencia a producir disparidades sustanciales en los ingresos y la riqueza, a no ser que las acciones específicas, políticas y programas traten de evitar esto, como ocurrió, por ejemplo, a mediados del siglo XX, cuando el estado del bienestar se desarrolló en algunos países para contrarrestar esta tendencia. Si bien esta tendencia es inherente a todos los sistemas económicos, y ha sido desde el principio de los tiempos, las diferencias de ingresos y las desigualdades pueden estar fuertemente influenciados por determinadas ideologías, políticas y prácticas. No es casual, en este sentido, que el aumento de las desigualdades en el ingreso y la riqueza ha coincido, en los últimos años, con el desarrollo de ideologías, políticas y prácticas conservadoras en distintas partes del mundo. Esto se debe a que las políticas conservadoras dependen, en gran parte y en mayor medida, del ‘laissez faire’ económico, prestando más atención de esta manera a la producción y el consumo de la riqueza que a la distribución de la riqueza. Esto está generando a que hoy se vuelva en muchas partes del mundo al viejo sistema de clases de dos niveles, con un pequeño círculo de personas muy ricas que poseen y controlan la mayor parte de la riqueza y, luego, todos los demás.

Esto podría ser otra ventaja de la era cultural. En la era cultural, la prioridad son las personas, por delante de la generación de productos y beneficios, así como de los aspectos no materiales del desarrollo y de la vida en lugar de los materiales. Podría dar lugar a un mundo más solidario y mejor compartido – solidaridad y mejor distribución que se refiere a puestos de trabajo, ingresos, riqueza y recursos -, todo ello a través de una preocupación mayor por las artes, las humanidades, la historia, la educación y la justicia social. Sin duda, esto supondrá una mayor atención por las personas y los países más desfavorecidos, así como un pacto mundial más sensible, más compasivo y humano. Al final, apuesto a que la distribución más equitativa de los ingresos y la riqueza vendrá más a través de la cultura y del deseo de compartir, cooperar, y atender a las personas, que a través de la economía y los mercados. Esperemos que se convierta en una nueva manera de contemplar la sociedad y de lograr eficaces políticas y prácticas redistributivas.

La era económica ha tendido a destruir el tejido social de la sociedad y el sentido de comunidad que une a las personas, instituciones, grupos, países y culturas. ¿Cómo se pueden restablecer estos lazos?

Muchos de estos lazos se reestablecerán a través de las artes, las humanidades, la educación y las "industrias culturales" como la publicidad, radio, televisión, cine, redes sociales y medios de comunicación con componentes tecnológicos. La creación de redes es la esencia de estas actividades y lo que, en definitiva, pretenden. La generación y desarrollo de estos lazos y redes es especialmente importante a nivel local. Mientras que las redes sociales y los avances tecnológicos aumentan extraordinariamente la capacidad de comunicarnos a nivel regional, nacional e internacional, no hay duda de que existe una extrema necesidad de reforzar los lazos de unión de los miembros de las distintas comunidades y de las ciudades en el mundo. Es necesario, dado los cambios demográficos y étnicos que se están produciendo en todo el mundo, así como el hecho de que más de la mitad de la población mundial vive en comunidades y en ciudades de diferentes formas y tamaños. Ésta es una de las razones por las que creo que es necesario un enfoque más cultural que económico para el desarrollo de las comunidades y de las ciudades en el futuro. Hace muchos años, desarrollé una metodología denominada ‘Culturescape’. Se basa en lograr conocer profundamente las comunidades y ciudades en términos holísticos a través de la creación de sus perfiles culturales - artísticos, sociales, económicos, étnicos, gastronómicos, ambientales, recreativos y así sucesivamente- ; de la elaboración de ‘Declaraciones culturales’ que las comunidades y las ciudades se hacen a sí mismo y al resto del mundo; y de la creación de centros ‘Culturescape’, en el corazón de las comunidades y las ciudades; logrando así que los ciudadanos participan activamente en el desarrollo urbano cultural, en el cambio y en la toma de decisiones.

- ¿Cuáles son las verdaderas fuerzas tractoras de la era cultural?

Las fuerzas más poderosas de una era cultural, sería el holismo, la perspectiva holística, es decir, cuidar, compartir, cooperar, la creatividad, la sostenibilidad, la armonía, la felicidad y la espiritualidad. La economía y las dimensiones materiales del desarrollo seguirían siendo fuerzas poderosas en una era cultural - sería temerario negar esto o sostener lo contrario – pero una era cultural permitiría florecer, con más frecuencia y por completo, las fuerzas antes mencionadas, porque tienen que ver con la consecución del equilibrio y la armonía requeridas entre todas las diversas dimensiones del desarrollo. No es un caso de abandono de la economía y de las dimensiones materiales del desarrollo. Más bien es un caso de transformación de la economía con el fin de situar la economía y las políticas económicas en un contexto cultural más amplio, así se lograría un enfoque más profundo de la vida, la realidad, la condición humana y el sistema mundial. En última instancia, es para lo que la cultura y una era cultural están diseñados.

- Su nuevo libro ‘Los secretos de la Cultura’ adelanta el mundo que nos espera. ¿Cómo es ese mundo?

Es un mundo en el que todas las personas y todos los países de todas partes del mundo y todos sectores de la sociedad pueden disfrutar de unos estándares razonables de vida, con una calidad de vida digna, sin necesidad de forzar los escasos recursos del planeta y su capacidad finita hasta un punto de ruptura. Para ello, es necesario desarrollar una postura respetuosa con la naturaleza, estar en sintonía con el entorno natural y trabajar con él en lugar de destruirlo, redistribuir los ingresos y la riqueza de una manera más equitativa, conservar en lugar de consumir los recursos siempre que sea posible, y hacer posible que todas las personas vivan una vidaa más segura, saludable, creativa y provechosa. Esto subraya otra diferencia fundamental entre la era económica y la cultural. La economía se manifiesta en el mundo de una forma única - como la producción, distribución y consumo de bienes y servicios y la creación de riqueza material y monetaria -, mientras que la cultura se manifiesta en el mundo de muchos aspectos, sobre todo en las artes, las humanidades, el patrimonio de la historia, un todo complejo, la relación entre los seres humanos y el medio ambiente y la formas de organización y estructuras de las diferentes especies. La cultura se manifiesta de una manera mucho más complicada que la economía, y también más extensa, valiosa, flexible y versátil. De hecho, hay muy poco en el mundo que no se explique por las diferentes formas en las que la cultura se manifiesta en el mundo, que es probablemente la razón por la que la web ‘Merriam-Webster’, el diccionario del pueblo, seleccionó la palabra cultura como su "Palabra del Año" para el 2014. Creo que únicamente hemos arañado la superficie del rico potencial que la cultura posee para luchar a brazo partido con toda la complejidad y la diversidad del mundo y generar las condiciones para un mundo mejor. Explotar el potencial de la cultura y de todas las diversas culturas en el mundo es imprescindible para lograrlo.

- ¿Qué papel debe desempeñar la política cultural en el desarrollo de las ciudades? ¿Deber ser algo más que el desarrollo de la programación cultural o la gestión de equipamientos y edificios? ¿O tiene un papel mucho más importante que jugar?

En consonancia con lo anterior, creo que la política cultural debe ocuparse primero y especialmente del desarrollo de todos los recursos de las ciudades, así como alcanzar un buen equilibrio entre todos ellos. Resulta una tarea difícil, tarea de enormes proporciones, y es idealista, pero es imprescindible. Como dijo Ruth Benedict hace muchos años, el conocido erudito cultural estadounidense, "el todo determina sus partes, no sólo su relación sino su propia naturaleza”. Visto desde esta perspectiva, si cambias el todo - en este caso de la economía a la cultura - cambias las partes. Cuando consideramos las ciudades como un todo en vez de sólo partes, la prioridad está en lo que une a las personas, grupos e instituciones, no lo que les divide. Lo que es especialmente importante en las políticas culturales municipales son los puntos reales y potenciales de contacto entre las partes componentes de las ciudades. Las ciudades, al igual que las personas, las instituciones, las culturas, los países, el sistema mundial, y así sucesivamente, son conjuntos dinámicos y orgánicos formados de muchas partes diferentes, no piezas independientes y desconectadas. A pesar de nuestra tendencia por dividir el todo en partes con el fin de analizar el detalle de las partes, el desafío de hoy es crear un todo que logre la armonía y equilibrio entre las partes. Es esencial asegurarse de que todas las partes de las ciudades y las comunidades están conectados, interactúan y participan de manera frecuente y sostenida. Es la tarea más importante en el desarrollo de las políticas culturales de las ciudades.

-¿Qué papel juega la tecnología en una era cultural? ¿Es capaz de solucionar todos los problemas a los que se puede enfrentar la humanidad o posee sus limitaciones?

No hay duda de que el desarrollo tecnológico, en los últimos decenios, ha abierto un increíble abanico de oportunidades para las personas, las ciudades, los países y el mundo. Para la economía y las políticas económicas, la tecnología ha sido fundamental para la expansión del ámbito de sus posibilidades, la capacidad de trabajar en muchos lugares diferentes, de desarrollar destrezas y habilidades empresariales, la generación de obras de arte, el desarrollo de la ciencia y la erudición, el intercambio de conocimiento e información, la comunicación entre profesionales, ha servido para aprovechar el patrimonio cultural tangible e intangible de la humanidad, para aprender más sobre todas las diversas culturas y civilizaciones en el mundo, y mucho más. Estas oportunidades son emocionantes, gratificantes y prácticamente ilimitadas. Sin embargo, la tecnología tiene sus deficiencias, así como sus puntos fuertes. Un defecto es que una gran parte de la tecnología contemporánea convierte a las personas hacia adentro en lugar de hacia el exterior. Otra es que, en gran parte, la tecnología es materialista y hace poco para generar espiritualidad. Y otra es que la tecnología puede y suele fragmentar comunidades y sociedades en lugar de consolidarlas. Lo que nos interesa aquí es el hecho de que la tecnología, como la economía y las economías, tiene sus límites y limitaciones, así como sus fortalezas y beneficios. Por lo tanto, conviene ser conscientes de los peligros de la tecnología moderna. Si no lo tenemos en cuenta, podemos generar un problema no muy diferente al que se creó cuando la economía y la era económica se estaban implantando, que el medio ambiente dio prioridad a la economía sobre todo lo demás.

- Sostiene que, durante los últimos sesenta años, los gobiernos se han dedicado casi en exclusiva a los asuntos económicos de los países, lo que hace que su función sea ahora más económica que política. ¿Cuál es el papel de los gobiernos en una era cultural? ¿De qué manera podría ser eficaz un gobierno en esta era?

Si bien la gran mayoría de las personas y de los países en el mundo son conscientes de cómo funciona la era económica y cuáles son sus principales prioridades y objetivos, lo que no se comprende bien es hasta qué punto estamos inmersos en la era económica, cómo somos totalmente dependientes de él, y cómo se determina nuestro comportamiento individual y colectivo, los valores, estilos de vida y forma de vida en general. Es imprescindible alejarse de la era económica, evaluarla desde un punto de vista crítico e imparcial y luchar a brazo partido contra sus deficiencias fundamentales, así como capitalizar sus numerosos puntos fuertes. Lo que es evidente es que, cuando la política en general, y los gobiernos en particular, se preocupan exclusivamente de la economía y el crecimiento económico, su función principal pasa a ser económica más que política. Sus orígenes se remontan a la interpretación económica de la historia y, más recientemente, a la economía keynesiana, que se centra en gran medida en la producción, distribución y consumo de bienes, en la riqueza monetaria y en el papel que los gobiernos y la política juegan en este proceso.

Esta manera de crecimiento ignora uno de los ideales más básicos de la política y los gobiernos, a saber, la preocupación por el todo y no sólo de una parte del todo, independientemente de lo importante que sea. Mientras que los políticos y los gobiernos tienen un papel relevante que desempeñar en la gestión de las economías, en la generación de riqueza material y monetaria y en impulsar el crecimiento económico, no debería ser su única función o su principal función. La política y los gobiernos deben preocuparse ante todo de la cultura y las culturas en un sentido holístico y no de la economía y las economías en un sentido parcial. Para lograr esto, el desarrollo de la cultura y de las culturas, la cultura ha de ser el eje central y la principal preocupación de la política, del gobierno, de los gobiernos y de la gobernabilidad en los próximos años y décadas. Si bien hay diferentes implicaciones y consecuencias, tal y como detallo en mis libros ‘Culture: Beacon of the Future’, ‘Revolution or Renaissance, The Age of Culture’, y, ahora ‘The Secrets of Culture’, el cambio tiene que ver con la creación de una nueva percepción de las personas, los ciudadanos y la ciudadanía y su papel y función en la sociedad. Esto enlaza directamente con el papel de la política y los gobiernos en el mundo de hoy y de mañana. En lugar de confiar en la visión actual que contempla a las personas, a los ciudadanos y a la ciudadanía como preocupados en gran medida por la producción y el consumo de bienes y servicios – lo que se conoce como "hombre económico" - los gobiernos y los políticos deben considerar un enfoque cultural para el desarrollo de las personas, los ciudadanos, y la ciudadanía, que se fundamenta en la personalidad cultural. Esto plantea uno de los mayores problemas relacionados con los ciudadanos y la ciudadanía. Es la preocupación por los derechos de los ciudadanos sin tener en cuenta al mismo tiempo sus responsabilidades.

Mientras que la Declaración Universal de los Derechos Humanos ha generado una cantidad enorme de términos relacionados con los derechos de las personas en diferentes áreas de la vida y ha dado la seguridad necesaria para que que no se violen sus derechos - por lo menos en teoría, aunque no siempre en la práctica - es hora de conjugar los derechos de los ciudadanos con sus responsabilidades en la elaboración y aprobación de una Declaración Universal de los Derechos y Responsabilidades Humanas. ¿En qué consisten estas responsabilidades? Consisten, entre muchas otras cosas, en respetar la naturaleza, el medio ambiente, a otras especies y en provocar el menor daño sea posible; respetando cosmovisiones, valores, creencias y otros estilos de vida; jugando un papel activo en el desarrollo de la propia cultura y en el aprendizaje de otras culturas y civilizaciones del mundo; siempre en búsqueda de la paz, la unidad y la armonía en vez de la guerra, la desunión y el conflicto; y ayudar a las personas y países menos afortunados y más necesitados del mundo. Si bien no son las únicas responsabilidades, los ciudadanos deben aceptarlas y cumplirlas. Son consecuentes con la necesidad de lograr una armonía entre los derechos y las responsabilidades de los ciudadanos como uno de los aspectos más valiosos de la ciudadanía. Esto tiene mucho que ver con ofrecer a los demás y no sólo con recibir, se refiere a ‘los otros’ y no sólo ‘al yo’, siempre tratando a las personas con dignidad, compasión y respeto. Lo que emana de esta percepción cultural de las personas, los ciudadanos, y la ciudadanía, es que los gobiernos y otras organizaciones del sector público, tales como las instituciones educativas y asociaciones cívicas, tienen un papel clave para ayudar a todas las personas y a todos los ciudadanos a vivir vidas creativas, constructivas y satisfactorias. Esto transformaría el actual papel de los gobiernos y la política en la sociedad, y colocaría a la humanidad en el camino correcto para lograr más armonía, igualdad, paz, y un mundo más sostenible.

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